viernes, 22 de octubre de 2010

ESTA NOCHE EN EL MANÁ

AÍDA

La tentación
corre sobre mis venas,
en la distancia
encuentro el peligro.
Ya no siento el olor de tu pelo,
tu mirada provocadora.
La tentación
corre sobre mis venas,
envuelve mi cuerpo.
Ya no deseo
tenerte cerca,
pues la tentación
hacia tu cuerpo,
cuando estoy contigo,
pierdo.

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NIEVES

Derrotado, casi perdido,
intento desistir en el intento.
En mi caminar perenne
lucho por volver a ser yo mismo.
Camino,
ando,
corro, me desespero.
Mi cuerpo sudor y lágrimas,
dolor por un deseo.
Intento volver a ser yo mismo,
a entender mis sentimientos.
Intento encontrar en mi interior,
lo que un día fuí,
y hoy anhelo.

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PILAR

La cara oculta de mi persona,
el del porqué veo
cuando tu no ves.
Mi cara oculta,
la que más me apasiona.
Rodeado de penumbras,
sociedad malcriada,
zombis de acera,
perpetuidad hasta su muerte.
Solo la cara oculta de mi ser
me dice quien soy,
con quien quiero y no puedo.
Solo esa cara oculta,
por la que desespero,
me libera de mis cadenas,
y entonces
para todos,
hoy....he muerto.


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DAVID

Mi alma al viento,
desnudo llevo el cuerpo.
Mi razón de ser
de tus pesadas cadenas
arrastro en mis deseos.
La cara cortada,
el frío de mis adentros.
Desnudo llevo el cuerpo
que con tus brazos intentas protegerlo.
Desátame,
libérame,
hoy me desespero.
Dureza de tu acero,
fragilidad de tus sentimientos.
No ahoges más mi dolor,
pues yo a ti,
claro que si, aún, te quiero.

jueves, 21 de octubre de 2010

EL OTRO DIVINO

CUANDO LA NECESIDAD HIZO MELLA EN LOS ESTÓMAGOS DE AQUELLAS GENTES LLAMADOS A SER HIJOS DE LA TIERRA, pues aun siendo un niño los conocimientos de Angel padecían sobre su figura desaliñada y huesuda. Conocimientos que para el no eran más que el simple análisis de su vida misma y de la de miles de personas que como Angel luchaban por sobrevivir junto con sus familias.
Ya nadie quedaba a salvo de la grán crisis producida a mitad del siglo primero de nuestra segunda generación en la Tierra. Nada había pasado porque si, todo sucedía en torno a la avaricia y el egoísmo de la especie dominante, el pecado yacía sobre nosotros, los hombres.
Nuestro sistema, el sistema capitalista hasta ahora conocido tocaba a su fin. Aquella mañana Angel miraba fijamente la television mientras su Madre e Israel discutian de nuevo por lo mismo de siempre, el maldito dinero. La situación cada vez era más insostenible, ya no les quedaba casi nada de los ahorros que habían conseguido guardar durante los últimos años. No había trabajo y los bancos desauciaban a todo el mundo robándoles todo lo que habían conseguido durante practicamente toda su vida. Después de la explosión nada fué lo mismo, lo habían perdido prácticamenete todo.
Angel indignado por la situación que todo el mundo padecía no pudo más que arrancarse de la silla donde estaba sentado y dirigirse hacia el único lugar donde el sabia, se había engendrado el Demonio que azotaba a todas las personas y que muy directamente sufría en casa con sus padres.
Una vez hubo llegado a la oficina bancaria que había cerca de donde el malvivía, no pudo más que con firmeza e indignación dirigirse hacia el mostrador donde yacía sobre su sillón aquel hombre gris que para Angel no era más que el enviado del mismísimo Diablo que había provocado esa situación. Una vez llegó a su altura, Angel miró al hombre gris y sin esperar saludo alguno se dirigió hacia el diciéndole:
-¿Porqué han permitido que mis padres discutan otra vez?,
Ellos están tristes, ustedes lo saben, ¿verdad?, pero y sabiéndolo
¿porque lo han permitido?
-Ustedes ya saben lo que pasó a la familia de mi amigo Juan, estoy seguro de que lo saben. Ya no tienen donde vivir, y muy poco para comer, ¿porqué no les ayudan?

Aquel hombre totalmente sorprendido no sabía que decir, mientras tanto Angel continuaba hablando.
-Yo solo queria que usted supiese lo que es un evidencia; la gente se muere de hambre y frío, las familias se destrozan, y todo simplemente por lo que ustedes llaman dinero.
-No conozco a su Padre, pero se que el mio no permitiría esta aberración. No me queda más que decirle que le transmita mis palabras y que las heche en cuenta, pues seguro estoy que algo habrá de cambiar, y que todo el que esté conmigo conseguirá salvarse; más de este mundo muy pocos serán los que sobrevivan, ya que una manzana podrida, todo el cesto acabará pudriendo.

Mirando fijamente a los ojos de aquel hombre, Angel se dió la vuelta y volvió hacia su casa, donde posiblemente sus padres sin ni siquiera haberse percatado de la ausencia de su hijo, continuaban discutiendo.